¿En qué aplicar la Inteligencia Emocional? Tercera Parte

Publicado en por José

Ahora analizaremos

¿Qué aspectos deterioran una relación? Por ejemplo,

¿Siendo honestos, no acaso nos reflejaremos en esto?

Timidez

 

Algunos datos de conducta que distinguen a los tímidos de los no tímidos:

 Los tímidos tienen una marcada tendencia a evitar a los demás y a rehuir los contactos sociales; una tendencia a evitar cualquier iniciativa en el terreno social; en las reuniones, la inclinación al silencio; evitar mirar a los ojos a los demás;la costumbre de hablar en voz baja o suave.

Puede decirse que el factor común de todas estas actitudes es la inactividad o, en el mejor de los casos, la mínima actividad: no iniciar, no hacer, no responder... En general, no hacer nada en las situaciones sociales. Una encuesta realizada en la Universidad de Ohio reveló que

16% de los alumnos de este centro y el 12% de las alumnas reconocen sentir más o menos temor por el simple hecho de estar en presencia de un miembro del sexo opuesto, 32% de los hombres y el 39% de las mujeres admiten sentir temor cuando hablan con alguien por primera vez.

 

Estas cifras llaman la atención por su importancia. Si se cuenta usted entre esos hombres y mujeres, y si su temor es intenso, no me sorprende que utilice usted el mecanismo psíquico más sencillo para proteger su tranquilidad emocional: evitar totalmente las situaciones sociales. Pero hemos visto que las consecuencias de esta forma de adaptación pueden ser graves. Cuando la timidez se prolonga desde la adolescencia a la edad adulta, da lugar a lo que se denomina soledad social, es decir, una sensación de aburrimiento, de falta de alicientes y de exclusión, que suele ser causada por la ausencia de un entorno social favorable.

Debe distinguirse la soledad social de la soledad emocional. Esta última se debe al fracaso en el intento de mantener una relación íntima con alguien, y la terapia a seguir se centra en la adquisición de una seguridad y desenvoltura personal que permitan el desarrollo de nuevas relaciones íntimas en las que la persona se muestre tal como es. Pero la curación de la soledad social no puede hallarse aplicando los principios de la psicología humanista ni en grupos de encuentro o de sensibilización. La soledad social es una triste secuela de la timidez, y sólo puede ser superada mediante la adquisición de la habilidad social necesaria para hacer amistades, mantener relaciones superficiales, conocer a personas nuevas y sentar una base para las relaciones informales.

El número de contactos sociales y de amigos que tiene una persona guarda estrecha relación con su bienestar emocional. Incluso entre los niños de edades comprendidas entre los cuatro y los once años, los que tienen pocos amigos, o ninguno, sufren a menudo perturbaciones emocionales.

 

En los adolescentes, la respuesta Nunca o Alguna vez a la pregunta:

¿Con qué frecuencia sales con amigos?

Indica un bajo nivel de adaptación social y emocional.

 

En los adultos, las amistades y contactos sociales son un factor de extrema importancia como fuente de bienestar y felicidad.

 

En una encuesta llevada a cabo recientemente en Norteamérica, en la que se entrevistó a unas cincuenta mil personas, los hombres y las mujeres solteros colocaron el apartado vida social y amigos en primer lugar entre otros dieciséis aspectos de la vida que ellos pensaban que contribuían a su felicidad.

 

El tener amigos y una vida social agradable es más importante para los solteros que el crecimiento personal, la salud física, una vida sexual plena o incluso una buena situación económica.

 

Los hombres y mujeres casados consideraron el estar enamorado como el factor más importante de su felicidad, y el apartado vida social y amigos fue relegado a un nivel de importancia relativamente bajo: el octavo lugar.

Pero no nos engañemos. El estar casado no evita las sensaciones de aislamiento, soledad social y depresión. Incluso entre las personas casadas, lo que distingue a aquellas que se sienten socialmente aisladas de las que no lo están es la participación en actividades sociales externas al matrimonio, como la participación en organizaciones voluntarias. El hecho de estar felizmente casado y de gozar de una relación profunda y completa con una persona no significa necesariamente estar libre del aislamiento social y de la soledad. El participar en un grupo social aparte de la relación primaria es lo que da lugar a sentimientos positivos acerca de la vida. El cuarenta por ciento de las cincuenta mil personas entrevistadas admitieron que a menudo se sentían solos. Y esta frecuente sensación de soledad no afectaba sólo a los solteros sino que se daba en el mismo porcentaje entre los casados.

También en el caso de las personas retiradas o jubiladas existe esta relación entre la ausencia de contactos sociales, la alienación social y la soledad. El hecho de relacionarse exclusivamente con los familiares, o con las personas que comparten una vivienda, o con los tenderos del barrio, da lugar a sentimientos de depresión y aislamiento, y es causa además de mala salud. A cualquier edad, independientemente de la situación económica, marital o sexual, la falta de actividad social va unida a la soledad y a la inadaptación. La participación en diversas actividades sociales origina, de manera clara y perceptible, una sensación de adaptación emocional, una buena salud y una actitud positiva ante la vida.

De alguna manera, parece que nos avergüenza reconocer que experimentamos una necesidad de calor humano y de contacto social, aparte del matrimonio, aparte de las relaciones familiares y laborales. Por alguna estúpida razón, el proceso de hacer amigos y establecer contactos sociales no ha llegado a ser tan aceptado como otros motivos menos importantes para formar grupos, ni ha llegado a ser tan institucionalizado como el matrimonio y la paternidad.

Si usted es una persona tímida, puede ocurrirle otra cosa grave: no buscar ningún contacto personal ni social. En una encuesta realizada para averiguar por qué algunas personas no llegan a casarse, la mayoría de quinientas mujeres solteras mayores de treinta años declararon creer que sus principales dificultades se debían al hecho de ser demasiado tímidas." Tenían sensaciones de inferioridad y experimentaban temor a ser rechazadas, y por ello tendían a ocupar sus ocios con actividades y hobbies que les impedían conocer a un compañero. La mayoría de aquellas mujeres no salían nunca con hombres, o casi nunca, y apenas tenían relaciones masculinas. Aun después de haber abandonado el ámbito de la influencia paterna, muy pocas de ellas hicieron nada para variar su situación social. Aquí es donde tienen su mayor influencia en las decisiones vitales la falta de actividad social y la ausencia de un esfuerzo continuado por hacer amistades. La falta de motivación y de empeño debilita los esfuerzos de una persona y disminuye sus capacidades naturales; aumenta el temor que pueda sentir hacia la sociedad, favorece su pasividad y frustra sus esperanzas de integración y éxito. ¿Está usted poco motivada a la hora de resolver sus problemas sociales? Aunque la necesidad de contacto social sea fuerte y dominante, si no existe una motivación para alcanzar el éxito, las iniciativas sociales serán débiles y las experiencias estarán amenazadas por la frustración y la desesperanza.

 

Deje de ser una carga para los demás

Mejor Hacerlo De Modo Natural

 

La mejor manera de que en su mente prevalezcan sus buenas cualidades es obtener éxitos. El efecto psíquico más positivo lo tienen las cosas reales, los hechos arraigados en la realidad social. El hecho de desempeñar con éxito una determinada tarea suele bastar para que una persona recuerde de pronto (a veces inconscientemente) sus cualidades personales y para que se olvide de sus defectos. Así, los éxitos sociales que se obtienen, hacen de un modo natural lo que las técnicas, para estimular la autovaloración hacen, influyendo directamente en la actitud y los pensamientos de la persona. La máxima lo mejor para triunfar es el éxito es cierta, en el sentido de que los éxitos que se han cosechado tienen un efecto natural y duradero en la mente del sujeto.

Vayamos un poco más allá. Las personas que obtienen éxitos conciben, a partir de ellos, una serie de esperanzas. Esto es importante, pues la esperanza en los futuros éxitos es lo que motiva a la persona para responder a nuevos desafíos y para afrontar con serenidad las exigencias de la realidad social. Los fracasos, en cambio, disminuyen la esperanza; suelen reducir la motivación para actividades posteriores y dificultan el éxito de éstas. El resultado es la depresión, la apatía y la resignación.

Todo esto está muy bien -dirá usted- pero,

 

¿Qué puedo hacer yo para obtener éxito más a menudo?

Como verás, consiste en cambiar sus ideas irracionales acerca de la realidad social, en aumentar su desenvoltura en la conversación y la conducta, y en aplicar estas capacidades en una serie de ejercicios concretos. Pero, antes que nada, debo advertir de una cosa que puede hacer inútiles todos esos ejercicios y tareas. Me refiero a los prejuicios. Si no los elimina, no llegará a obtener seguridad en sí mismo, por más que se esfuerce y se ejercite.

 

El primer paso para eliminarlos está en comprender perfectamente qué son y cómo actúan.

 

Características de Timidez

Si usted es tímido, tiene probablemente una escasa auto estimación social, y tiende, asimismo, a desvalorizarse con respecto a cualquier grupo. Por ejemplo, si yo le mostrase, en una cinta de video, momentos de su conducta social, y le pidiese que juzgase diferentes aspectos de su actuación, es probable que se mostrase mucho más crítico y humilde que una persona que no fuese tímida y que tuviese una mayor autovaloración social. Las personas tímidas son mucho más críticas consigo mismas, no sólo acerca de su conducta sino también acerca de su aspecto físico, y cuando tienen que calcular las posibilidades de ser aceptadas por otra persona para una nueva relación infravaloran siempre sus posibilidades reales.

¿Son preferidas las personas agraciadas?

¿Tienen una ventaja sobre las demás?

 La respuesta a la primera pregunta es inequívocamente afirmativa.

Las personas físicamente atractivas suelen ser las preferidas, pero sólo en un determinado sentido. La gente quiere ser asociada con personas hermosas por razones externas y por las satisfacciones externas que se obtienen cuando son vistos en público con ellas. Si en general preferimos asociarnos a personas físicamente atractivas es, sobre todo, por razones de prestigio. Si un joven es visto con una muchacha muy hermosa, los demás tienden a atribuirle a él un gran número de características positivas. Si la joven con la que sale no es atractiva, la gente tenderá a considerarle, en general, de un modo más negativo. Así, la simple proximidad de una persona atractiva puede crear una actitud más favorable por parte del entorno social. Para muchas personas, sus relaciones con el sexo opuesto son un asunto muy público, en el sentido de que ponen muy en juego su vanidad cuando se presentan ante los demás en compañía de alguien. Y a menudo no les basta el simple hecho de ser vistos en la proximidad física de una persona atractiva, sino que los espectadores deben ser llevados a creer que existe algún vínculo o relación entre los dos. Pero, esa exhibición pública proporciona pocas satisfacciones en términos de amistad o de relaciones sociales.

Un Experimento Sobre El Aspecto Personal

Un grupo de reclusos de una penitenciaría, de los cuales habían sido encarcelados por delitos relacionados con drogas, se sometieron a la cirugía estética para corregir defectos y quitarse huellas de quemaduras, cicatrices y tatuajes.

Después de su salida de la prisión, aquella "Rehabilitación cosmética"

 Resultó ser la medida más eficaz para mantenerlos apartados de presidio, ayudarles a encontrar un trabajo y, en general, para su adaptación social y personal, todo ello en comparación con un grupo similar de reclusos que no se habían sometido a la cirugía estética.

 Está claro que los rasgos faciales y el aspecto general de una persona tienen una fuerte influencia en cómo ella se percibe a sí misma y en cómo la perciben a ella las demás. Aunque la medida en que podemos mejorar nuestro aspecto es limitada, es asombroso descubrir cuántas personas tímidas no parecen ser conscientes de las modas y las formas de poner de relieve los aspectos positivos de su físico, aunque ello quizá no es demasiado asombroso, puesto que los tímidos se resisten, ya de entrada, a destacar.


 

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