Inteligencia Emocional 3 parte

Publicado en por José

¿Qué hacer, cuándo, cómo, con quién?

¡Ah...!

Ojalá tuviésemos el programa detallado, el mapa que nos dijese por dónde navegar en los encuentros sociales imprevisibles... Pero, por desgracia, el estudio de la conducta humana no ha progresado hasta ese extremo. Incluso es muy improbable que podamos decirle algún día con exactitud lo que debe hacer, con quién y en qué circunstancias, para estar seguro del efecto que causa en la gente. Existen demasiados ambientes distintos, demasiados tipos diferentes de personas con historias diversas, y demasiadas combinaciones posibles de señales verbales y no verbales, para meterlo todo en una gigantesca ecuación. Pero en las relaciones sociales no pueden aplicarse normas específicas. Y aunque pudiesen aplicarse, servirían de poco, pues las rápidas decisiones que hay que tomar en una situación social no le dan al interesado mucho tiempo para buscar en su índice mental y encontrar la norma adecuada. Lo único que existe son indicaciones generales sobre el efecto que produce un tipo de conducta en ciertas situaciones, y la persona tiene la responsabilidad de decidir cómo aplicar esas indicaciones, observar el resultado y modificar algún elemento específico de su conducta según el contexto concreto.

¿Cómo puede usted hacerse socialmente hábil y adecuadamente expresivo, y librarse de su timidez? ¿Qué reglas hay que aplicar?

¿Qué estrategias debería adoptar?

 

Antes que nada, lo que debe usted recordar es que incluso la persona más hábil, la menos tímida, sólo sale con bien de las situaciones sociales el 80% de las veces.

Esto significa, naturalmente, que por hábil que sea usted en la aplicación de sus conocimientos sociales, no se sentirá completamente satisfecho de su actuación más allá del ochenta por ciento del tiempo. Pero lo fundamental es cómo se explique sus fracasos. El atribuir esos fracasos a alguna deficiencia personal no hará más que desanimarle para la experiencia siguiente, pues será un golpe negativo para su autoestima. Por otra parte, si atribuye su fracaso al hecho de no haberse esforzado lo suficiente para valorar y decidir correctamente, podrá usted seguir enfrentándose a su ambiente social y aprenderá a alcanzar éxitos con mayor facilidad.

Hablemos ahora un poco de los primeros encuentros:

No es correcto ni prudente mostrar sentimientos intensos.

No es costumbre expresar gran simpatía hacia la otra persona, ni ningún sentimiento intenso, sobre la única base de una presentación y unas breves palabras y, a menudo, el simple hecho de que una cosa no sea la acostumbrada basta para hacerla socialmente inaceptable.

Supongamos, por ejemplo, que usted expresa verbalmente su simpatía hacia una persona, diciéndole:

Oye, es agradable estar contigo, me haces sentir a gusto, si lo dice con voz suave y expresiva, y está muy cerca de ella, mirándola a los ojos, la persona percibirá una simpatía intensa. Y si se trata de su primer encuentro, es probable que le vea a usted como un tipo raro o, en el mejor de los casos, como una persona de modales extraños, incluso extravagantes. Y ello sólo por un

exceso de mensajes no verbales.

Los encuentros iniciales y las entrevistas periódicas pero muy breves se desarrollan mejor si se sigue la norma de la reciprocidad. Esta norma dice que debe existir una igualdad en la expresión de simpatías, de preferencias y de sentimientos.

El ejemplo que hemos dado antes muestra un exceso de franqueza en un momento en que la relación no estaba todavía madura.

Las personas que dicen muchas cosas demasiado pronto ponen a los demás en una situación incómoda y embarazosa. Esta incomodidad es motivada no sólo porque la otra persona no sabrá seguramente qué actitud tomar, sino porque sentirá que se le exige una reciprocidad en los sentimientos expresados.

La persona ante la que se demuestra un exceso de franqueza se siente molesta por ello, y lo que pretendía ser un cumplido amable lleno de sentimientos positivos se convierte en motivo de desagrado y de rechazo.

Debería usted saber también que, si no se muestra expresivo, ya sea verbalmente o no verbalmente, y permanece quieto como una momia durante el curso de una reunión social, será rápidamente catalogado de tímido e inhibido. De la misma forma, si sus reacciones son exageradas y comunica usted demasiadas cosas con las manos, el cuerpo, la cara y el tono de la voz, puede ser tachado de inmaduro y quizá de histérico.

¿Cómo evitar los dos excesos, el de comunicar poco y el de comunicar demasiado?

La respuesta está en el principio del equilibrio. La persona no tímida tiene la habilidad de equilibrar los mensajes verbales y los no verbales de una manera muy natural, inconscientemente. Por ejemplo, para comunicar un cierto grado de empatía, la persona no tímida se acercaría a la otra, pero bajaría la mirada. O bien, en el curso de una conversación amistosa con una persona del sexo opuesto, podría rozarle el codo o el brazo, pero cambiaría el cuerpo de posición, apartándolo un poco de la otra persona, o retrocedería ligeramente Esta mezcla o equilibrio de los componentes de comunicación verbales y no verbales permite la variedad y la expresividad, y evita causar en el otro una impresión demasiado intensa. La habilidad social significa saber no sólo cómo equilibrar estas señales, sino también cómo utilizarlas de varias maneras según la situación y la persona de que se trate.

Veamos algunos ejemplos que, en los sentimientos internos, somos nosotros quienes nos reprimimos más, de lo que fue la causa:

Una pequeña de dos años explora el mundo. Descubre un lugar en el jardín donde con mucho entusiasmo se pone a cavar en la tierra, Se siente orgullosa de su logro. "Mírenme quisiera decirle al mundo, miren lo que puedo hacer Soy muy lista"

"¡Ve cómo te has puesto!  grita su madre, mira este batidero, estás toda sucia, cómo has puesto la ropa me has desilusionado mucho debería darte vergüenza"

La niña se siente muy chiquita. Baja la cabeza y se queda mirando al suelo. Contempla sus manos y su vestido sucios y empieza a sentirse sucia por dentro. Cree que hay algo muy malo en ella, tan malo que ya nunca más quedará limpia. Escucha el tono de desdén de su madre y se siente llena de defectos.

 

Una joven de dieciséis años ha empezado a salir con un muchacho. Éste parece ser todo un caballero y jamás trata de forzarla a hacer algo que ella no quiera. Cada vez confía más en él. Durante las clases se pasan cartitas de amor.

En ellas el muchacho cariñosamente la apoda: "Mi niña sexy."

Un día en la escuela, un amigo de su novio le grita al pasar niña sexy, ¿cómo estás? De inmediato se da cuenta de que su novio debió haber enseñado sus cartas a otros, se siente muy humillada se sonroja por la pena, quisiera huir de ese lugar, siente que todos pueden adivinar sus pensamientos

Más tarde recibe una llamada de su novio, quiere disculparse por lo que ha pasado, ahora ella está furiosa, aléjate de mí –grita, nunca te perdonaré por lo que has hecho, no volveré a hablar contigo jamás.

 

Un hombre de mediana edad tiene un empleo seguro en una empresa pequeña, oportunidades para mejorar excelentes y con frecuencia el supervisor se expresa muy bien de él sus compañeros tienen una magnífica opinión de su desempeño en el trabajo.

Un día su jefe lo reprende a causa de un error que ha cometido, llegó tarde a una junta o tal vez olvidó mandar una factura, se trataba de una falla menor, su jefe sólo quería llamarle la atención, no atacarlo.

A pesar de ello, el hombre se siente profundamente derrotado. "Sabe" que algo está básicamente mal en él. Piensa que han descubierto que es un fraude, está seguro de que todos piensan que no debería trabajar más en esa compañía, como no es perfecto supone que no vale nada, se pasa las horas recordando todos los errores que ha cometido en este y en otros trabajos, lo que lo hace sentirse todavía peor se retiraa su oficina, cierra la puerta y se queda allí recluido el resto del día. Sabe que nunca será lo suficientemente bueno.

Un hombre mayor pasa gran parte de su tiempo criticando a todo el mundo. Su esposa es estúpida, su hijo es un flojo, su hija es una tonta, sus amigos son vulgares y el mundo está podrido, no duda en decirle a los otros que él es más listo y más sensato, y que en todo lo demás es también mejor que ellos, pregona por todos lados su sentimiento de superioridad, espera que los demás le rindan honores, quizá esta imagen que proyecta convenza a algunos, pero otros se dan cuenta de que este hombre a través de su altanería y arrogancia pueden ver, a la persona insegura que se esconde detrás, se percatan de cómo trata de convencer al mundo de que él es mejor que los demás, cuando realmente siente lo contrario, debido a su desprecio hacia el resto del mundo, vivir cerca de él es muy difícil, en lugar de adorarlo y rendirle honores, los demás se alejan, lo evitan y no desean contarle nada sobre ellos.

Las cuatro personas de estos ejemplos comparten el mismo problema: elsentimiento de vergüenza. Es tan doloroso, que a veces se siente en todo el cuerpo. Existen diferentes tipos de vergüenza y nunca es exactamente igual en un individuo que en otro.

 

La experiencia de la vergüenza tiene algunas características comunes: respuestas físicas y definidas, pensamientos desagradables, conductas problemáticas y gran sufrimiento espiritual.

Decimos que esta situación es un mito porque nadie tiene que vivir para siempre en la vergüenza. En este mundo hay espacio suficiente para todos. No existe algo como un humano subhumano. Lo maravilloso de la vergüenza, incluso la que es excesiva, es que se puede aprender a vivir con ella y volverse espiritualmente más rico en el proceso. Pero la persona que está dominada por la vergüenza debe aprender cómo cuestionar sus creencias de ser alguien intrínsecamente carente de valor. Estas personas se acostumbran a interpretar los acontecimientos desde la perspectiva de la desgracia, necesitan descubrir cómo ver el mundo desde una perspectiva menos amenazadora. Deben cuestionar y desechar su propio mito que los condena de por vida a vivir avergonzados.

Las personas dominadas por la vergüenza, son muy críticas con ellas mismas. Siempre encuentran algo criticable en su apariencia, conducta o personalidad. Se fijan metas tan altas que así, nunca pueden alcanzarlas y cuando inevitablemente fallan, se dicen a sí mismas las cosas más terribles. (Tres dieces y un ocho pueden ser buenos para todos, pero a mí me demuestran que soy un fracaso.)

Estas personas también están muy conscientes de sí mismasSon hipersensibles a la crítica, por lo que están muy atentas a la posibilidad de humillación. Como se han esforzado tanto para condenarse a sí mismas, esperan que los demás los juzguen. Al estar tan concentradas en los defectos que imaginan que los demás notan en ellas, con frecuencia le tienen terror a los acontecimientos formales como las revisiones anuales de desempeño en el trabajo. Simplemente no pueden acepta las alabanzas junto con las críticas como una mezcla balanceada. Mientras que reciben las últimas como algo merecido, piensan que los halagos de cualquier tipo son falsos o equivocados. Frecuentemente se comparan con amigos, socios y compañeros; el problema estriba en que por lo general se concentran en la idea de ser inadecuadas y no en el hecho de que son tan buenas como los demás.

Las personas que están dominadas por la vergüenza inconscientemente buscan relaciones que la subrayan. Las que piensan que básicamente no valen nada son presa fácil de aquellos que obtienen su autovaloración atacando a los otros. "Sé que mi amante es malo conmigo, pero ¿quién más me querría?" se preguntarán, Su vergüenza excesiva las predispone a ser humilladas en sus relaciones más importantes.

Pocas personas sufren todo el dolor que hemos descrito aquí. La mayoría, aun aquéllas con vergüenza excesiva, pueden tener periodos en los que experimentan el respeto a sí mismas y la dignidad. Pocas personas están tan profundamente afectadas por la vergüenza que en ningún momento pueden sentirse bien con ellas mismas. Además, las que normalmente manejan bien su vergüenza pueden pasar por periodos en los que ésta los abruma. En esos momentos, es posible que sientan muchos de los efectos que hemos descrito, pero eventualmente regresarán a un estado más positivo.

Sin embargo, existen muchas personas que responden al mundo desde una perspectiva basada en la vergüenza. Esto quiere decir que esperan ser avergonzadas, que buscan experiencias vergonzosas que confirmen sus expectativas además de que constantemente se avergüenzan a sí mismas con críticas excesivas. Viven en un mundo de vergüenza.

 

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